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A C T U A L I D A D " N A C I O N A L "

América y el agua

Con 3856 millones de hectáreas y 830,7 millones de habitantes, América concentra la mayor cantidad de agua disponible del mundo, 200.000 km3, de los que sin embargo sólo 42.780 km3 anuales se consideran renovables. Es decir, posee algo más del 31,3% de la superficie terrestre, el 13,7% de la población global, y casi el 47% de la disponibilidad mundial de recursos hídricos renovables.Todo gracias a que tiene en su haber algunas de las mayores cuencas fluviales del planeta, como el sistema amazónico, el más grande del mundo.

Los grandes lagos situados en la frontera entre Canadá y los Estados Unidos constituyen, también, el mayor conjunto lacustre del mundo. Pero durante los últimos 100 años, debido al crecimiento poblacional, la gran demanda del sector agrícola y el desarrollo de los procesos industriales, los requerimientos de agua aumentaron seis veces; según algunos, más de lo que los ecosistemas pueden soportar. Por citar sólo un ejemplo, en el último medio siglo, en México disminuyó a más de la mitad el agua disponible para el consumo humano, según datos de la Comisión del Agua de ese país.

Precisamente, una de las fuerzas dominantes que conducen la cuenta regresiva en materia de agua para consumo humano es la acelerada urbanización. Y, si el presente es preocupante, el futuro se presenta más amenazante aún, especialmente si se tiene en cuenta que, para 2030, se espera que el continente americano sea el más urbanizado del globo (ya posee dos megaciudades: San Pablo y México). 'Los servicios públicos fueron sobrepasados por un crecimiento descomunal de la urbanización en los alrededores de las ciudades -explicó Juan B. Valdés, de la Universidad de Arizona- .

Esto tiene un gran impacto en los recursos hídricos debido el aumento del área impermeable, la inexistencia de sistemas de drenaje y la muy ineficiente recolección de basura.' Para Camilo Garzón, del Banco Interamericano de Desarrollo, este proceso de acelerada urbanización representa precisamente uno de los mayores desafíos de las próximas décadas y, con él, el tratamiento de las aguas residuales plantea serios problemas ambientales y de salud pública. 'La mayoría de las ciudades continúa contaminando sus cursos de agua dulce -dijo-.

De allí extraemos diariamente 103 millones de metros cúbicos de agua, pero también depositamos más de 20.000 toneladas de materia orgánica, lo que ejerce una fuerte demanda sobre los ecosistemas ya que, sin tratamiento de efluentes, las ciudades pueden transformarse en los entornos más peligrosos.' Para Garzón, el horizonte cercano plantea cinco desafíos: remover la contaminación (20.000 millones de dólares); establecer prioridades nacionales y regionales; fortalecer a las instituciones responsables de tratar y transportar el abastecimiento de agua; promover la innovación tecnológica; lograr la remoción biológica de nutrientes; desarrollar sistemas de aguas servidas simplificados; procesos de tratamiento más adaptados a la realidad económica de nuestros países y asegurar la sustentabilidad de las plantas de tratamiento. Y por si esto resultara poco, Valdés subrayó, además, que estos inconvenientes se agravarán por efecto del cambio climático, que intensificará el ciclo hidrológico y otorgará mayor variabilidad a las precipitaciones.

'En América latina, entre 1990 y 1998, el 66% de los desastres estuvo relacionado con el clima. La Argentina perdió 1200 millones de dólares por crecidas. Ecuador y la Argentina están en riesgo de padecer inundaciones superiores al 1% de su producto bruto', concluyó.

IV Foro Mundial del Agua~2006

He aquí un puñado de cifras 'escalofriantes': la cantidad de agua que se necesita para cultivar un kilo de café (20.000 litros), para producir una hamburguesa (11.000 litros), un kilo de queso (5000 litros), una remera de algodón (7000 litros), cultivar un kilo de azúcar (3000 litros) o producir un litro de leche (entre 2000 y 4000 litros). Según Fred Pearce, autor de un artículo en el último número de la revista británica New Scientist y del libro When the rivers run dry (Cuando se sequen los ríos, Eden Project Books, 2006), los seres humanos consumimos anualmente unos 200 ríos Nilo sólo para regar nuestros cultivos.

No solemos tener mucha conciencia de la apabullante cantidad de agua que empleamos y malgastamos a diario, pero estos números ayudan a comprender rápidamente por qué desde hace una semana organizaciones no gubernamentales y representantes de países de todo el mundo están reunidos en México, en el IV Foro Internacional del Agua: intentan acordar acciones para revertir la creciente escasez y la iniquidad en la distribución de este líquido indispensable para la vida.

También tenemos una imagen distorsionada de la realidad local. Si bien parte del país recibe lluvias abundantes (el 85% cae sobre la cuenca del Plata) y comparte con sus socios del Mercosur uno de los reservorios de agua subterránea más grandes del mundo -el acuífero Guaraní, que ocupa alrededor de 1.190.000 kilómetros cuadrados, las superficies de España, Francia y Portugal juntos-, el 66% del territorio nacional es árido o semiárido. Según datos del Instituto Nacional del Agua, el 83,75% de la población urbana está abastecida por agua de red, pero sólo el 54% de ella dispone de servicios de evacuación de excretas.

Por otro lado, alrededor de seis millones de habitantes carecen de sistemas adecuados de abastecimiento de agua segura; se trata de una 'población en riesgo sanitario', expuesta a enfermedades como la diarrea (en Salta se registran 482 casos anuales por mil habitantes), la hepatitis A (más de 30.000) o el cólera. Entre un millón y un millón y medio de personas consumen agua con altos niveles de arsénico o flúor.

El ascenso de las napas subterráneas, la degradación de la calidad del agua superficial y los acuíferos, la falta de una gestión integral de las cuencas, son otras tantas asignaturas pendientes, según los especialistas. Dicen que cuando el astronauta de la Apolo XI Neil Armstrong observó desde el espacio la esfera azul del planeta comentó que en lugar de Tierra debería llamarse Agua.

Si el tema no comienza a tomarse en serio, tal vez los astronautas del futuro no dirán lo mismo. Por Nora Bär. Fuente: La Nación. Miércoles 22 de marzo de 2006.